Blog del profe de la web "salvados puntocero - ciclos formativos de administración y gestión"

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Aquí encontrarás mis opiniones de los temas más variopintos, no necesariamente relacionado con los contenidos de los módulos. A los alumnos les animo a que expresen sus comentarios. Que analicen, que dicrepen, que juzguen, ...¡que piensen!...

lunes, 17 de febrero de 2014

Disciplina de voto y democracia

Durante estos días hemos oído la noticia de la sanción a tres diputados del PSC por romper la disciplina de voto en el parlamento catalán cuando se votó la iniciativa del referéndum independentista. Los mandaron a la última fila. También se pide que las diputadas del PP puedan votar sin acogerse a la disciplina de voto en la reforma de la Ley del Aborto. Me pregunto si es compatible la disciplina de voto que imponen los grupos políticos a sus diputados en las votaciones parlamentarias y la democracia. Nuestra norma fundamental, la Constitución de 1978 dice en su artículo 67.2: “Los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo.” Se puede interpretar que no tiene porqué seguir las directrices de sus partidos políticos y ni siquiera de sus votantes. Recordemos que cuando se aprueba la Constitución no existía la estructura de partidos políticos que hay ahora, la misma UCD se crea para dar cobertura a Adolfo Suarez (Cebreros, Ávila, 1932) y, cuando aparecen, el miedo a la inestabilidad política les hace buscar una fórmula interna para evitar las disidencias.

En cambio, si miramos a países con una amplia tradición democrática como los Estados Unidos nos encontramos que el presidente Obama (Honolulu, EEUU, 1961) tiene que convencer a los congresistas y senadores de su propio partido para sacar adelante su propuesta de reforma de la sanidad pública estadounidense. Hasta tal punto que en varias ocasiones el presidente se encuentra con votos desfavorables de sus congresistas y favorables de los del otro partido. Cierto que el grueso de los votos es congruente con la posición del presidente o de la oposición, dependiendo del partido al que pertenezca, pero las pequeñas variaciones de votos han dado lugar a que salgan acuerdos con votos del grupo de la oposición o a ser rechazadas por votos en contra de los correligionarios. Los partidos políticos estadounidenses no son tan rígidos como los europeos. No existe un líder permanente sino que se crean las oficinas electorales en época de elecciones presidenciales que lideran los candidatos a presidente de los Estados Unidos y se disuelven después de las elecciones. Los partidos políticos en los distintos estados tienen un estructura muy independiente del partido nacional.

¿Es posible trasladar esto a la política española? Me gustaría responder que sí. Nos guste o no, estemos de acuerdo o no con los motivos que tenga un diputado para romper la disciplina de voto, prefiero  que vote pensando que sus votantes podrían quitarles su confianza a que lo hagan pensando que su líder podría quitarle su confianza. Pero para eso habría que cambiar el sistema de elección de los candidatos y, también, el sistema electoral. Los grandes partidos eligen a sus candidatos o, con la modalidad digital (el líder señala quién va a ser candidato) o con unas primarias de un solo candidato (porque ya se ha presionado lo suficiente para que el otro candidato no se presente). De esa manera, quién es el guapo que discrepa. “El que se mueve no sale en la foto” que decía Alfonso Guerra (Sevilla, 1940).

Un ejemplo de elección podría ser mantener listas de partidos pero en vez de ser cerradas que marquemos aquellos candidatos que más nos gusten. Por ejemplo, si el partido A consigue 3 escaños por el Método D’Hont esos tres candidatos se eligen por los que más votos individuales hayan obtenido. Existen medios tecnológicos suficientes para solventar problemas de recuento y facilitación del secreto del voto. O, si no, se busca otra fórmula en la que los representantes políticos dependan más directamente de nosotros, los votantes, que del aparato político.

El colmo de la aberración ha sido que se vote en secreto la admisión a trámite de la Ley del Aborto. ¿Cómo secreto? ¡Yo quiero saber lo que vota cada uno de los diputados! En esta ley y en cualquiera. Espero que no se convierta en norma.

Para cambiar hace falta voluntad política. Y también un líder en cada partido político que quiera este cambio, valiente, con criterio propio, y dispuesto a quemarse y que se lo quiten de en medio sus compañeros. Claro, para también necesitarán otro que lo sustituya con los mismos principios e, incluso, otro más. A lo mejor es pedir demasiado.

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miércoles, 22 de enero de 2014

La ideología machista del aborto

8ª semana
El presidente de la Comunidad Autónoma de Extremadura , José Antonio Monago (Quintana de la Serena, Badajoz, 1966) en el discurso de Fin de Año del 2013 (extraña manía de los presidentes autonómicos de parecerse al Rey con el discurso de Navidad cuando el Presidente del Gobierno no hace ninguno) dijo: “Como presidente del Gobierno, creo sinceramente que la ideología no tiene que introducirse en asuntos de estado como la educación, la sanidad o la dependencia y tampoco en materias tan sensibles como la reproducción asistida o la interrupción voluntaria del embarazo. “ Pues mire usted por dónde, defender el derecho a la educación y la sanidad y el derecho a la vida, como hace nuestra Constitución de 1978, es una decisión ideológica. Una ideología democrática y moderna que busca el bien y el progreso de la sociedad. A diferencia de las ideologías totalitarias que restringen estos derechos buscando el bien de la clase poderosa que gobierna.

En la cuestión del aborto hay que comenzar contestando a la pregunta de si el no nacido es un ser humano. La comunidad científica lo tiene claro (sobre todo tras las investigaciones practicadas con la fecundación “in vitro”) el no nacido en cualquiera de sus etapas forma parte de la especie humana. Podéis leer un extenso artículo al respecto elaborado por la Asociación Española de Bioética llamado “Inicio de la vida de cada ser humano ¿Qué hace humano el cuerpo del hombre?”. Cuando una mujer sufre un aborto espontáneo en las primeras semanas de gestación los que están a su alrededor dicen que “ha perdido a su hijo” no que “ha perdido a su embrión o a su feto”. Ella sufre un proceso de duelo similar al de la mujer que pierde a su hijo al mismo nacer. Si no fuera consciente de que lo que está gestando es un ser humano y que es su hijo no sufriría por su pérdida y tampoco sería un trauma tan grande provocar el aborto, algo que reconocen los mismos abortistas.

Según los datos oficiales, en el año 2012 con la actual ley del aborto, más del 90% de los abortos practicados en España se ha realizado “a petición de la mujer” y sin aducir ningún tipo de causa, sobre un total de 112.390 abortos (la mayor causa de mortalidad en España, podéis leer mi post “La ocultación del aborto” en el que hago un comentario sobre eso). Es decir, la gran mayoría de los abortos no se producen por situaciones límites como es el grave riesgo para la vida o salud de la embarazada (5,67%) o riesgo de graves anomalías en el feto (2,78%). Nos tenemos que preguntar, entonces, los motivos que llevan a las mujeres a plantearse la decisión, tan difícil y grave, entre tener a su hijo o abortarlo y la respuesta que le da la sociedad. Creo que es significativo que en el año 2012 el 33% de los abortos correspondieron a mujeres inmigrantes pero si nos vamos al año 2008 (cuando el índice de inmigración en España era superior) superaba el 55%. Podríamos deducir que en la mayoría de los casos nos encontraríamos con situaciones económicas muy difíciles, incluso extremas y una fuerte presión del entorno familiar desde ¿cómo vas a tener un hijo a tu edad (poner la que queráis)?, o ¿cómo vas a tener a tu hijo si no tienes para vivir?, o ¿cómo vas a tener a tu hijo si lo vas a criar sola?, o con amenazas por parte del padre del hijo ¡yo no quiero que tengas ese hijo, si lo tienes te dejo!, o peores todavía. En definitiva, un entorno que deja a la mujer sola para tomar una decisión tan grave y que la ve incapaz de salir adelante si decide seguir su embarazo. Un entorno marcado por una ideología eminentemente machista y no solamente sustentado por los hombres que tenga a su alrededor sino apoyada por las mujeres.

Ante esto, ¿qué respuesta le da el Estado?. Sólo se centra en el momento de tomar la decisión:“eres libre de abortar o no”. Pero, ¿y después?. Tome la decisión que tome la mujer va a necesitar ayuda.  Si decide abortar va a tener que pasar por el duelo de perder un hijo, como la mujer que aborta espontáneamente, pero agravado por el hecho de haberlo provocado ella con los daños psicológicos que eso conlleva. Ante esto el Estado le responde: “nadie te obligaba a abortar”. Y las clínicas privadas, donde se le ha practicado el aborto, se desentienden porque ellas van a lo que van, a ganar dinero. Si decide tener a su hijo no se van a resolver por arte de magia sus problemas económicos o familiares, salvo que la decisión estuviera planteada por el miedo a lo que iba a decir la familia si supiera que va a ser madre y en cambio cuando se lo dicen la apoyan hasta el final (que sucede más veces de lo que muchas mujeres piensan). Ante esto el Estado le responde: “nadie te obligaba  a no abortar”. Pero es que tampoco veo una reacción en el Gobierno actual para cambiar esta respuesta, como no la tuvo el Gobierno anterior. ¿Dónde se encuentran esas ayudas psicológicas, económicas y sociales que debe dar un Estado Social a aquellas mujeres que han abortado y a aquellas que han decidido seguir con su embarazo adelante, a las dos?

El peligro está cuando, en una sociedad democrática, la defensa de los derechos humanos y el progreso de la sociedad lo quiere abanderar de forma exclusiva y excluyente una corriente ideológica como puede ser la izquierda democrática haciendo suya la cita bíblica: “Quién no está conmigo está contra mí”, y autoproclamándose “progresistas”, en contra del que no piensa como ellos, de tal manera que ellos son los “buenos” y los otros son los “malos”. Y los otros se lo creen.

El progresista de izquierdas parte de un esquema simple: apoyo al débil, pacifismo, no violencia y defensa de la Naturaleza. La defensa del obrero frente al patrono, del niño frente al adulto, del negro frente al blanco; la oposición a las guerras, a las bombas atómicas y a la pena de muerte. Delibes hizo un análisis muy interesante sobre esto en su artículo “Aborto y progresismo” que copié en la primera entrada de este blog “Delibes y la Defensa de la Vida”.

Toda una serie de principios que podemos firmar cualquiera que busquemos el progreso de la sociedad. El problema les llega cuando aparece el aborto libre y la confrontación entre el no nacido y la madre. Traicionando sus principios abandonan a los más débiles: al no nacido y a la mujer. Sí, también a la mujer, por mucho que ellos digan lo contrario porque se desentienden de ella una vez que ha tomado su decisión sea la que sea. Las dejan solas para tomarla y, sobre todo, después descargando de toda responsabilidad al padre. Machismo en estado puro. ¿Cómo pueden pedir luego que el hombre asuma sus responsabilidades como padre?.

Curiosamente la respuesta social de apoyo y ayuda a la mujer, independientemente si ha tenido a su hijo o ha abortado, se está vertebrando a través de los distintos movimientos próvida que hay en España. Con asesoramiento psicológico y legal y con los distintos centros de acogida que hay repartidos por todo el país. El paso adelante, el esfuerzo que supone acompañar a la mujer a enfrentarse al día después y los que vienen lo están dando aquellos a los que la progresía moderna considera “los malos”.

En el margen izquierdo del blog podéis encontrar un enlace a la “Asociación Provida” donde encontraréis información de todos los apoyos que ofrecen.

Y tú, ¿qué opinas de todo esto? Deja un comentario y comencemos una conversación.

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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Invictus y otras películas

La otra noche volví a ver la película Invictus (Clint Eastwood, 2009). La repusieron por la muerte de Nelson Mandela (Mvezo (Sudáfrica), 1918 – Johanesburgo (Sudáfrica), 2013). La vida de Mandela está llena de claroscuros. Su actividad política contra el apartheid en Sudáfrica comienza de forma pacífica y pasa a una llamada a las armas, lo que le hace ser considerado terrorista en su país y también por la ONU. Eso le lleva a la cárcel con una condena a cadena perpetua. Tras 27 años es liberado en 1990 con 71 años de edad. Durante sus años en prisión se replantea su postura política. Piensa que el perdón y la reconciliación es el único germen para acabar con el odio y las desigualdades en su país. El autor del libro en el que se basa la película, John Carlin (Londres (Gran Bretaña), 1956), dice que si hubiese pensado que para lograr su objetivo era necesaria la guerra la hubiese promovido. Cierto, pero no lo hizo. Pero no me quiero centrar en la figura de Mandela, si no en el suceso al que se refiere la película: cómo ganar el Campeonato del Mundo de Rugby.

Las enseñanzas que nos da la película las podemos extrapolar a la situación que los alumnos podéis estar viviendo en esta época del año. Llega la primera evaluación del curso y suelen aparecer dos preguntas recurrentes: ¿soy capaz de sacar el curso? ¿esto es lo que quiero estudiar?. Y según lo que os respondáis continuaréis a la vuelta de las vacaciones de Navidad o no. Para ayudaros vamos a ver qué es lo que hicieron los protagonistas de esta historia.

Primero: Se marcaron un objetivo claro. El objetivo no es el mismo para Mandela que para Francois Pienaar (Veereninging (Sudáfrica), 1967), capitán del equipo (lo utilizaré como representante de todo el equipo). ¿Pero no era ganar el Campeonato del Mundo de Rugby? No, eso es un medio. Confundimos muchas veces los medios con los objetivos. El objetivo de Mandela era conseguir un referente común para blancos y negros como nación y como pueblo a través del deporte. ¿Recordáis la victoria de España en el Mundial de Fútbol y el ¡yo soy español, español, español…!?. Para Pienaar, posiblemente, el prestigio profesional. Vosotros tenéis también que marcaros objetivos claros en la vida y en vuestro futuro profesional. ¿No os preguntaban de pequeños qué querías ser de mayor? Pues ya eres mayor. Qué quiero ser. Qué me gustaría hacer. Para qué estoy capacitado. Qué se me da bien hacer. Apúntalos. Hazte una lista y colócala en un lugar al que puedas acudir de vez en cuando.

Segundo: Se marcaron un medio para conseguirlo concreto. Ahora sí, ganar el Campeonato del Mundo de Rugby. La posición de Mandela y del equipo de rugby era distinta. Mandela no podía marcar puntos por lo que ejerció el liderazgo y la motivación a través de Pienaar. ¿Y si no ganaban la final? No pasa nada habrían avanzado en sus objetivos. Recordad, es un medio no un objetivo final. Buscar los medios para conseguir vuestros objetivos. Qué es lo que tengo que hacer para llegar a ese fin. ¿Lo que estoy haciendo me ayuda a alcanzar mis metas?. Qué me falta por conseguir y cómo lo puedo conseguir. Si lo que estoy estudiando me gusta y me ayuda a conseguir mis objetivos, adelante. Si no, es posible que tengas que buscar otras opciones. Suelo decir que es mejor estudiar algo que te gusta porque siempre hay tiempo para trabajar en algo que no te guste.

Tercero: Cambiaron de mentalidad. Muy bien, había que ganar el Campeonato del Mundo de Rugby. ¡Pero es que no ganaban un partido ni por equivocación! En la película le pregunta Mandela a un asesor: “¿Qué posibilidades tenemos de ganar?”. A lo que le contesta el asesor: “Los que entienden dicen no podremos pasar de cuartos”. Y le responde Mandela: “Si fuese por los que entienden tu y yo seguiríamos en la cárcel.” En la película “En busca de la felicidad” (Gabriele Muccino, 2006) el personaje de Will Smith (Filadelfia, (EEUU), 1968) le dice a su hijo: “Nunca dejes que alguien te diga que tú no puedes hacer algo. Ni siquiera yo” Y yo añadiría: “Y ni siquiera tu mismo”. Muchas veces nosotros somos nuestros peores demonios. El otro día entregando las notas de un examen unos alumnos, que habían suspendido, me decían: “¡es que esto no lo puedo aprobar nunca!”. ¡Mentira! ¡Claro que se puede!. Otra compañera decía: “pero es que a algunos les cuesta más que a otros”. Cierto, pero cada uno con su capacidad tiene que dar lo mejor de sí mismo. No podemos ser mediocres de nosotros mismos. Si es un 10, un 10; si es un 5, un 5. Pero no saques un 5 pudiendo sacar un 7, ni suspendas pudiendo aprobar. Y si no lo estás consiguiendo, cambia de estrategia. ¿Cómo quieres  conseguir resultados distintos haciendo siempre lo mismo?

Cuarto: ¿Y una vez conseguido?. Pues en la película viene el fundido en negro y el fin, bueno ahora los títulos de crédito. Pero en la realidad no hay fundido en negro. En una escena de la película “La Rosa Púrpura del Cairo” (Woody Allen, 1985) después de que se besen la chica protagonista y el chico que había salido de la pantalla del cine, el chico dice: "¿Y el fundido en negro? - ¿Qué? - Siempre, cuando los besos son muy apasionados, y antes de hacer el amor, hay un fundido en negro. - ¿Y qué ocurre? - Entonces hacemos el amor en un lugar escondido y romántico. - Aquí no es así. - ¿No hay fundido en negro?" Pues no, no hay fundido en negro. La realidad histórica nos ha dicho que Mandela no ha conseguido su objetivo político. Sudáfrica sigue siendo un país muy violento, con discriminación racial entre todas las razas, con grandes diferencias sociales y con una fragmentación en su partido con una feroz lucha por el poder. Pero aún así, consiguió avances y hasta que le acompañaron las fuerzas (recordad tenía 71 años cuando salió de la cárcel y 75 cuando llegó a la presidencia de Sudáfrica) siguió peleando por sus sueños. ¿Qué tenemos que hacer nosotros cuando consigamos nuestros objetivos? Volver a la lista que os propuse en el punto primero, esa que está en un sitio al que puedes acudir de vez en cuando. Repasarla, tachar lo conseguido, luchar por lo que falta e, incluso, añadir alguna cosa más. Y continúa con los puntos siguientes. ¡Vaya, ahora que me acuerdo, tengo que buscar mi lista! ¿Dónde la habré dejado?.

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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Yo no quiero ser jurado popular

De forma recurrente van apareciendo casos judiciales que ponen sobre la mesa de la opinión pública la idoneidad o no de los jurados populares. Casi siempre muy mediáticos como el caso Asunta, Bretón, Marta del Castillo o Wanninkhof o, no tan graves, como los trajes de Camps. Partimos de que la Constitución en el artículo 125 dice:  “Los ciudadanos podrán participar en la administración de Justicia mediante la institución del Jurado”. Y, a partir de ahí, se aprobó la Ley Orgánica 5/1995, de 22 de mayo, del Tribunal del Jurado.

Delimita la utilización del jurado popular a determinados delitos. Se trata, concretamente, de los delitos de parricidio, asesinato, homicidio, auxilio o inducción al suicidio, infanticidio, infidelidad en la custodia de presos, infidelidad en la custodia de documentos, cohecho, malversación de caudales públicos, fraudes y exacciones ilegales, negociaciones prohibidas a funcionarios públicos, tráfico de influencias, omisión del deber de socorro, allanamiento de morada, amenazas e incendios forestales.  La elección de los candidatos a ser jurados se hace por sorteo, en la que las partes solamente tienen la potestad de recurrir a los miembros en los que crea que se dan las circunstancias legales previstas.

Las críticas vienen, sobre todo, por los casos mediáticos. Se hacen juicios paralelos en la televisión a todas horas que hace que todos nos hagamos una idea previa de que es lo que ha pasado, los prejuicios. Los que son favorables a esta figura argumentan que  hay que partir de la base de que el derecho penal todo el mundo lo debe cumplir y conocer, y es necesario que las elaboraciones dogmáticas que elaboran los expertos tengan correlación con el sentir general de la población sobre ese asunto concreto. Es un resumen grueso del debate de jurado popular sí, jurado popular no. No quiero entrar en eso, aunque tengo una opinión al respecto. Lo que quiero decir es que YO NO QUIERO SER JURADO POPULAR.

Conocimientos jurídicos tengo, soy licenciado en Derecho, por lo que si hubiese querido entrar en el mundo judicial lo habría hecho; como abogado, fiscal o juez. En los dos últimos casos si hubiese superado una dura oposición, pero resulta que ni lo intenté porque no me atraía. Mi carrera profesional la he orientado hacia otro lado que me gusta más, la docencia. Tan decente y válida como cualquier otra opción. Conozco a compañeros que les hubiese encantado ser jueces o fiscales pero no han podido, y otros que lo han conseguido, enhorabuena a estos, y que se esfuercen en ser mejores profesionales cada día como hacemos todos. ¡Muy bien! Para ellos la difícil decisión de juzgar. Pero yo no la quiero.

Es posible que existan personas no formadas jurídicamente que quieran ser jurado. ¡Estupendo! Ahí abrió la puerta la Constitución en su art. 125. Pero es que yo no quiero ser jurado popular, ¿por qué me tienen que obligar? ¿Qué tradición jurídica española avala la obligación de formar parte de un jurado? ¡Ninguna! ¿Dónde aparece la obligación constitucional de que todo ciudadano debe participar de la administración de justicia? ¡En ningún lado! Al revés, dice “podrá”, posibilidad.


Vamos, que si alguna vez me seleccionan como jurado popular tendré que aplicar la doctrina “ajo y agua” y, para no tener que pagar una buena multa, tendré que aceptar ¡por imperativo legal!

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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Todos somos emprendedores

¿Cómo podemos definir el término emprendedor?: “palabra de moda referida a aquellos jóvenes que montan una empresa por primera vez para sacarnos a todos de la crisis”
No hay acto público que se precie que no incluya la palabra emprendedor. Durante el mes de noviembre se han acumulado en Albacete muchas conferencias y cursos dedicados al emprendimiento (palabra que, si la buscas en el diccionario de la RAE, no la encontrarás, pero que está preparada para la siguiente edición). Pones la televisión pública y te encuentras con un programa ¿concurso? llamado “Tu Oportunidad” o de reportajes “Made in Spain”.
Entonces, ¿emprendedor es igual a empresario?. Si acudimos al diccionario de la RAE encontramos la siguiente definición: “Que emprende con resolución acciones dificultosas o azarosas”. No aparece ni la palabra empresario ni empresa.
Una cosa es ser emprendedor y otra ser empresario. Todo empresario es emprendedor, pero no todo emprendedor es empresario. Yo me considero emprendedor. Me plateé en que quería trabajar y, después de mucho esfuerzo, aprobé una oposición. En el trabajo intento no estancarme e innovar, mejorar; informándome y formándome para aplicar en clase lo que creo que es más productivo para mis alumnos. Me casé y tengo un hijo al que criar y educar. Todas ellas acciones dificultosas y azarosas. Y todas ellas las afronto con resolución.
Pero, mira tú por donde, no tengo madera de empresario. El empresario tiene que ser capaz de liderar un equipo, cuidando a sus dos clientes (de los que obtiene los ingresos y sus trabajadores de los que depende para tener más o menos clientes que les proporcione ingresos); y, además, arriesgando su propio capital llegando, en muchos casos, a la ruina.
Mi trabajo me encanta, pero si hubiese querido ser empresario hubiera montado un colegio privado. No hubiese peleado, y mucho, para ser funcionario de carrera. Por eso no me gusta que se relacione la palabra emprendedor con empresario. Todos somos emprendedores. Nos planteamos que queremos ser en la vida y nos formamos y preparamos para conseguirlo. Cuando lo conseguimos nos esforzamos en mejorar. Decidimos tener hijos y eso nos lleva a un emprendimiento constante y para toda la vida. Y, que hablar de los que están buscando trabajo, eso sí que es un reto vital lleno de acciones dificultosas e, incluso, azarosas que hay que afrontarlo con resolución para alcanzar el fin, sabiendo que ya no existe el trabajo para toda la vida, que es temporal, que en algún momento habrá que empezar de nuevo, y, posiblemente, varias veces en la vida. ¡Qué no me digan que eso no es también un riesgo!

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